Toda profesión representa una actividad humana que encuentra su sentido en la contribución de un bien específico a la sociedad. En el caso de la docencia, cabe preguntarse: ¿Cuál es el bien específico que esta profesión resguarda y promueve? y ¿Qué nivel de reconocimiento social recibe hoy ese aporte fundamental del profesorado?

La docencia, al igual que otras profesiones, se configura a partir de la necesidad de una preparación especializada para su ejercicio, expresada en conocimientos, habilidades, estándares y competencias según sea el enfoque adoptado en su diseño, implementación y evaluación, y la delimitación de un campo específico de actuación. En lo específico, su actuación incluye dos dimensiones fundamentales.

Desde una parte, la dimensión cognitiva que asegura en el profesorado el conjunto de conocimientos y las destrezas requeridas para el ejercicio de su labor; y desde otra, la dimensión deontológica, asociada a la responsabilidad que implica el trabajo con personas, ya que la acción desarrollada incide profundamente en la vida de otros seres humanos: niños, niñas y jóvenes.

Volver sobre la pregunta por el bien específico que cuida la profesión docente supone reconocer que su núcleo radica en el imperativo

Fuente original: Diario Talca

Pulso Angelino

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