La historia la mueve la energía. El siglo XIX fue el siglo del carbón, el XX el del petróleo y el XXI ya comenzó a ser el de la electricidad. Pero la energía nunca ha sido solamente una cuestión económica. También ha definido el mapa del poder. Durante buena parte del siglo XX, controlar el petróleo significó controlar una de las principales arterias de la economía mundial.
Estados Unidos construyó una estrecha alianza estratégica con Arabia Saudita y otros países árabes, basada en seguridad, petróleo y relaciones financieras. Los ingresos de los países petroleros, los llamados petrodólares, regresaban en buena medida al sistema financiero norteamericano, fortaleciendo al dólar y ayudando a financiar su economía.
Las guerras, alianzas y disputas por territorios productores, oleoductos, gasoductos y rutas marítimas demostraron que quien controlaba la energía que movía la economía tenía una poderosa herramienta geopolítica. Todavía vivimos en ese mundo. Venezuela es probablemente uno de los ejemplos más evidentes. Posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta y se encuentra en América del Sur.
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y la posterior decisión del gobierno de Donald Trump de
Fuente original: Alerta Noticias Temuco
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