Hay ironías que merecen ser observadas con calma. Durante años, una parte importante de la derecha chilena levantó las banderas de la seguridad, el combate frontal al crimen organizado y la recuperación del control del Estado.
Hoy, cuando un gobierno encabezado por José Antonio Kast decide acelerar su agenda de seguridad, surge una pregunta inevitable: ¿estamos dispuestos a utilizar todas las herramientas necesarias para perseguir al delito o sólo aquellas que resultan políticamente cómodas? Porque combatir al crimen organizado sin discutir seriamente el levantamiento del secreto bancario es algo parecido a querer apagar un incendio mirando únicamente el humo.
Las organizaciones criminales no guardan sus operaciones en cuadernos escolares. Siguen la ruta del dinero, esconden patrimonio, lavan activos y aprovechan cada espacio que el sistema les deja disponible. Resulta curioso escuchar discursos encendidos sobre narcotráfico, bandas internacionales o corrupción, mientras la conversación se vuelve repentinamente tímida cuando aparece sobre la mesa el seguimiento de grandes movimientos financieros.
Ahí las certezas se transforman en dudas, las urgencias en prudencia y los discursos de mano firme en complejos ejercicios de contorsionismo político. La pregunta no es menor. Si el país está dispuesto
Fuente original: Alerta Noticias Temuco
Información local, cercana y útil para nuestra comunidad.




