Durante tres semanas he planteado que Chile tiene las condiciones naturales para transformarse en un electroestado; que existe una disputa entre el petróleo y la electricidad a nivel mundial, que la electricidad está dibujando un nuevo mapa del poder mundial y que una transformación de esta magnitud requiere del liderazgo insustituible del Estado. Pero queda la pregunta fundamental: ¿qué significa realmente ser un electroestado?
No significa solamente llenar el desierto de paneles solares o almacenar electricidad en gigantescas baterías. Significa organizar progresivamente nuestra vida cotidiana y nuestra economía alrededor de electricidad limpia, abundante y barata. En el corto plazo, un electroestado se traduce en bienestar. La abundancia eléctrica debe llegar a los hogares mediante menores costos y nuevas formas de consumir.
Australia acaba de comenzar a ofrecer a hogares elegibles tres horas diarias de electricidad gratuita durante las horas de mayor generación solar. La abundancia cambia el paradigma: ya no se trata solamente de producir energía, sino de organizar inteligentemente su consumo. En el largo plazo, un electroestado es una decisión ambiental. Vivimos en un planeta donde consumimos recursos a una velocidad superior a su capacidad para regenerarlos.
Electrificar el
Fuente original: Alerta Noticias Temuco
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