La discusión surgida en el Concejo Municipal de Chillán por el deterioro del pavimento de la Plaza de Armas tiene el mérito de poner sobre la mesa un asunto que suele quedar relegado frente a la realización de actividades masivas: cómo compatibilizar el legítimo uso de los espacios públicos con su conservación.

Una plaza que permanece vacía, por temor a que se deteriore, difícilmente cumple la función que una ciudad espera de ella. Los espacios públicos deben ser lugares de encuentro, celebración y expresión de la vida comunitaria.

Que la Plaza de Armas acoja actividades como la Fiesta de la Longaniza, que convoca a miles de personas y forma parte del calendario de acontecimientos que identifican a Chillán, es algo positivo. La paradoja es que ese mismo uso intensivo puede terminar dañando el espacio que la ciudad quiere poner a disposición de sus habitantes.

La instalación de carpas, estructuras y otras implementaciones sobre el pavimento, según lo expuesto en el Concejo Municipal, ha dejado daños que requieren atención. A ello se suma un deterioro que, de acuerdo con el propio municipio, ya está considerado dentro del proyecto de renovación integral

Fuente original: La Discusión

Pulso Angelino

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