En el campo, una misma jornada puede incluir labores agrícolas, cuidado de animales, preparación de alimentos y atención de familiares. Parte de estas actividades genera ingresos; otras, aunque resultan indispensables para las economías familiares, no se contabilizan como trabajo remunerado. Esta diferencia deja una parte de la actividad rural fuera de las mediciones tradicionales y dificulta dimensionar el aporte de las mujeres.
Según cifras de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), en 2024 las mujeres representaban el 23% del empleo silvoagropecuario y pesquero en Chile, con 126.193 personas ocupadas, frente a 427.330 hombres. Sin embargo, su participación en la economía rural no se limita al empleo formal, también incluye actividades de autoconsumo, transformación de productos y cuidados que no siempre se traducen en ingresos propios.
Maruja Cortés, académica de la Universidad Católica de Temuco, explica que la falta de reconocimiento de estas labores tiene consecuencias que trascienden el ámbito doméstico. El Producto Interno Bruto (PIB) no incorpora directamente el trabajo no remunerado, lo que puede subestimar la contribución de las mujeres a la producción y al sostenimiento de las economías familiares, “Que no exista un sueldo individual no
Fuente original: Portal AgroChile
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